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Entrevista con Marianela Nuñez.“Detalles que hacen la diferencia”

Foto: Damien Frost

Por Prof. Mag. Lucía Chilibroste.

Marianela Nuñez es una de las mayores bailarinas del momento. Dueña de una inmensa solvencia técnica y artística, esta argentina se ha consagrado en una abanderada del Royal Ballet de Inglaterra.
Ella dice que sube al escenario y se siente “como en casa”. Y es lo que transmite al verla. También al momento de la entrevista parece sentirse “en casa”. Y es de esas personas que le preocupa que el otro se sienta tan bien como ella. Un detalle no menor. Relajada, descontracturada y de risa fácil, es una artista que ha “bebido directamente de la fuente” de una compañía como el Royal Ballet, y muy generosa, comparte lo bebido.

Ella dice que sube al escenario y se siente “como en casa”. Y es lo que transmite al verla. También al momento de la entrevista parece sentirse “en casa”. Y es de esas personas que le preocupa que el otro se sienta tan bien como ella. Un detalle no menor. Relajada, descontracturada y de risa fácil, es una artista que ha “bebido directamente de la fuente” de una compañía como el Royal Ballet, y muy generosa, comparte lo bebido.

Una carrera particular.

– ¿Qué cosas sentís que te hicieron crecer?

– Creo que estuve en el momento indicado, en el lugar indicado, con la gente indicada. Mi carrera en Londres ha sido de sueños, increíble. Y no en el sentido de que todo divino. Sino por cómo se me fueron dando las cosas. Los directores que tuve, los roles que me fueron dando en el momento indicado. Estoy constantemente cuidada. En ningún momento me sentí sola. Y eso te ayuda. Y también por cómo fueron manejando mi carrera.

– ¿A qué te referís por cómo manejaron tu carrera?

– Por ejemplo, con la cuestión de los guesting, el salir a bailar con otras compañías. Yo empecé a hacer eso recién con 30 años, cuando por lo general los bailarines comienzan a hacerlo de más jovencitos, con 22 o 23 años. Y eso puede hacer que se quemen muy rápido. A los 28 años ya hicieron todo, ya están aburridos.

– ¿Eso es una política de la compañía?

– Es política de la compañía que las cosas van de a poco. No es que te dan un rol y al mes ya lo salís a bailar. Cuando hice por primera vez El lago de los cisnes me preparé durante seis meses. Yo fui promovida a primera bailarina con 20 años. Pero hice mi primer Giselle recién a los 28 años. Hasta ese momento aprendía el rol, era suplente, pero no lo hacía. Bailaba de reina de las ‘willis’. Mi primer protagónico en Manon fue a los 30 años, en Oniegin a los 31. Tuve que esperar mucho para hacer esos papeles. Pero una vez que me llegaron estaba preparada. Y lo mismo con los gusetings. Porque para ir de invitada para acá y para allá tenes que estar preparada. Y no es que si me llegaba una invitación no me dejaban ir, sino al no estar bailando determinados roles no me invitaban. No se había dado. Y todo se dio a su debido tiempo.

Saber esperar

       – Para una primera bailarina esperar 8 años para hacer un rol como Giselle puede parecer muchísimo tiempo. 

– Sí. Pero yo lo esperé, porque me sentía que estaba en una compañía que me cuidaba y me daba otras cosas que para mí tenía una importancia enorme. Además no hacía Giselle pero me daban otros roles. Hacía de Myrtha, la reina de las ‘wilis’, El lago de los cisnes, La fille mal gardée, Coppelia. Tenía ciertas cosas. Pero ‘todo el paquete’ recién se me dio a partir de los 28. Y eso me dio una diversidad enorme. Por ejemplo si hacemos La Bayadera, Giselle, Bella Durmiente, Oniegin yo hago los dos papeles. Y eso es algo que me da una base súper sólida. Porque esos roles exigen estar mucho en el escenario, función tras función. Y de tanto ver a otros en los roles principales, cuando a mí me llegaron ya me los sabía de ojos cerrados. Porque este arte no es fast food. No es McDonald’s que vas rápido lo agarras y te vas. Es día tras día, función tras función, elaborar, encontrarse. Y llegué a una compañía donde se valora mucho eso. Muchos quieren éxito instantáneo. Yo me la aguanté. Y eso me ayudó mucho, y siempre toco madera, en no lesionarme. Yo no tengo lesiones. Pero eso fue porque me cuidaron. Hay gente que empieza a los 22 años, va de acá para allá, y después al tiempo está toda rota, con operaciones.

– Ya que tanto esperaste el rol de Giselle, ¿cómo fueron esas primeras funciones?

– Demoró, pero cuando llegó, llegó con todo. Fue con Carlos Acosta, la noche del estreno y de la apertura de la temporada del Royal Ballet, con la crítica. Por lo general cuando un bailarín se estrena en un rol lo hace en una matinée y no es primer reparto. Pero yo estaba preparada. Además, dos años después cuando se volvió a hacer, me dieron la primera función que se hizo para los cines. Ahora tengo mi DVD de Giselle, por lo general soy primera noche en esta obra y con ella celebraron mis 20 años de carrera.

Sin lesiones (a tocar madera).

– Señalabas algo que no es menor: en 20 años de carrera no has tenido lesiones. ¿Haces algún tipo de entrenamiento extra? ¿a qué crees que se pueda deber?

– Hago mucho pilates antes de comenzar la clase. Y los días que no puedo hacerlo, me aseguro de llegar antes así puedo hacerme unos ejercicios. Mucha fisioterapia y un poco de yoga. No me gusta machacar el cuerpo. Me gusta hacer las cosas bien. Por ejemplo con la nueva producción de El lago de los cisnes [del joven coreógrafo Liam Scarlett estrenada en mayo del 2018], yo sabía que iba a llegar en un momento duro de la temporada. Porque no es que solamente estamos haciendo esa obra, sino que tenía mil cosas. Estrenaba Margarita y Armando de Ashton, tenía muchos viajes en el medio. Entonces empecé a prepararme seis meses antes. Mi instructora de pilates me tenía en la máquina haciendo 32 fouettes [giros seguidos sobre una pierna, paso emblemático del cisne negro] para entrenar el gemelo. Como en este ballet se trabaja mucho la pierna izquierda hice muchísimos ejercicios para asegurarme que iba a aguantar hasta el final. Hacía muchos ejercicios para la espalda que se trabaja diferente, para el arabesque. Además yo estaba preocupada por lo viajes y por cómo me iba a recuperar, así que el fisioterapeuta enseguida me puso en contacto con una nutricionista que me recomendó qué tomar antes y después de cada función. Así que cuando comenzaron los ensayos yo ya estaba lista. Entonces vuelvo a lo mismo, tengo una cantidad de gente que me cuida y se preocupa por mí.  Y no es casualidad que tenga una carrera tan sana.

Cómoda sobre el escenario.

– Tú señalas que te sentis muy cómoda en el escenario. ¿Qué significa eso?

– Yo estoy en el escenario y me siento como en casa. Es el lugar donde pertenezco. Y eso no significa que las cosas siempre me salgan bien ni mucho menos. Por más que trabaje hay veces que las cosas no salen. Pero es el lugar donde yo me siento en paz. Es como que me encontré quien soy.

– ¿Y cómo definirías lo que sos?

– Ay no, eso no me gusta. Es como vanidoso. Lo que sí me doy cuenta es que cuando encaro un personaje todo ese trabajo y cuidado me ayuda mucho a encontrar mi manera de hacerlo. Sin cambiar la coreografía, respetando todas las reglas, no estoy siendo una copia. Es algo difícil de explicar. Parecido a lo que pasa con las chicas que en la adolescencia, que todas quieren ser iguales, hasta que uno crece y siente que puede decir: ‘esta soy yo’. Y eso no significa que estoy cómoda y ya está. No. Es un trabajo de todos los días. Y si me ves ensayar vas a decir ‘¿estas segura que estás cómoda?

– ¿En qué roles te sentís más cómoda?

– La verdad es que en el Royal Ballet tengo el repertorio completo y no podría elegir algo.

– ¿Y algún rol que no esté en la compañía y que te gustaría hacer?

– Mmm… no. I´m happy. Hay un rol en el Royal que aún no he hecho, A Month in the Countryde Ashton, pero este año ya lo voy a hacer.

El lago de los cisnes.

– La típica pregunta: ¿con qué rol te sentís más identificada: Odette (cisne blanco) u Odile (cisne negro)?

– Yo siempre me sentí más identificada con el personaje del blanco, pero en este momento me siento bien con los dos. Y ahora me gusta mucho el negro (risas). Es un ballet que me gusta muchísimo y que bailo muchísimo, porque como todos los bailarines se lesionan mucho, siempre me tocan funciones extras. Entonces creo que le encontré el gusto a los dos. Para mí es el ballet más difícil.

– ¿Por qué?

– Porque lo que yo quiero alcanzar, es como inalcanzable. Técnicamente es increíble lo que uno tiene que hacer. Y no es sólo la técnica, sino lograr que perdure la resistencia y la energía en esos tres actos. Es complejo por el cambio de personajes, que hacen los mismos pasos pero con un abordaje completamente distinto. Es muy difícil… pero wow, es increíble lo que uno puede llegar a descubrir. Lo adoro. Termina la función y sentís que dejaste el alma.

La tradición del Royal Ballet

– Has pasado por cuatro directores de la compañía.

– Sí, y a todos les tengo un cariño enorme porque cada uno me ha dado algo muy importante. Mi contrato me lo dio Sir Anthony Dowell, y al año y medio de estar en la compañía me promovió de cuerpo de baile a primer solista, que es el paso anterior a primera bailarina, saltándome tres escalones. Después Ross Stretton me ascendió a primera bailarina. Luego vino Monica Mason, directora por diez años, y fue quien me formó como primera bailarina, la que me fue dando rol a rol. Ella me enseño a ver cómo funciona el ballet, que no puede ser todo tan rápido, el respeto que uno tiene que tener por lo que hace, el cómo comportarse día a día. No es cuestión de sólo hacer los protagónicos y listo. No. Estás liderando una compañía con mucha tradición. Y el director de ahora, Kevin O’Hare fue el que me abrió las puertas del mundo, porque fue él quien me impulsó para que saliera a bailar al American Ballet, La Scala de Milán, Opera de Viena. Cuando bailo en otras compañías viene a ver mis funciones porque dice que se siente muy orgullosos por la manera que los represento. Además es quien quiere que esté en las filmaciones de los cines.

– El Royal Ballet se ha caracterizado por ser una compañía muy cuidadosa con sus puestas en escena, en los detalles…

– Sí. Y para mí eso ha sido un aprendizaje increíble. El respeto que tienen a la tradición. Algo que lo vivo y siento a diario, y que si el día de mañana quiero enseñar o dirigir me gustaría que fuese la base.

– ¿Y en qué pequeños ejemplos se puede ver ese “cuidado”?

– En la manera que cuidan las obras. Traen obras que ya tienen sus años, pero las refrescan y las enseñan bien. Y eso genera que aunque sean viejas, tengan sentido. La historia se vive a diario. Que es algo que también te pasa cundo caminas por Londres. Sentís que cuidan y están orgullosos de su historia.

– ¿Quién se encarga de esos detalles?

– Son los maestros. Ellos no te enseñan pasos, te enseñan el por qué hasta de la mínima inclinación de la cabeza. Eso te llena y hace que no se te vaya más. Por ejemplo, en Giselle yo empecé haciendo la reina de las ‘willis’. Pero cuando me dieron el papel de Giselle ya no volví más a ese rol. Sin embargo, hace unos años le pedí a mi director que me gustaría volver a hacer Myrtha, revisitarlo con más experiencia, para ver cómo podía encararlo. Para él era un lujo. Me puso en las noches que bailaba Natalia Osipova el protagónico, por lo que era como fuegos artificiales. Pero me acuerdo que cuando entré al estudio a ensayar con Monica Mason, te juro que me acordaba de cada corrección. Terminé de hacer la variación y ella me dice ‘pero no tengo nada que corregirte’. Es que me lo había sellado a fuego.

– Hoy en día muchos señalan que los bailarines preocupados por el virtuosismo, pueden dejar de lado la parte artística. Por ejemplo, ¿en qué detalles se insiste para un rol como el de la reina de las ‘willis’, que son esos que hacen la diferencia?

– Muchos. Mónica me insistía que en el momento en el que Myrtha entra, con un pas de bouree [pequeños pasaos en puntas] tenía que encontrar la forma de que realmente pareciera que me estaba deslizando. Y por ejemplo, como es un rol muy difícil, mucha gente comienza a hacer esa entrada un poquito antes de que se inicie la música así ganas tiempo y llegas a cruzar el escenario y podes descansar antes de volver a salir. Pero ella eso no lo permitía. Ni que intentando ‘ahorrar camino’ se fuese a ver el vestido blanco entre bambalinas. Detalles. También me insistía en que nunca mirara al público. Que cuando mirara al frente debía de imaginarme que era parte de la escenografía: ‘tenés que pensar que hay árboles, y en esos árboles están las willis colgadas, y están dormidas y vos las tenes que despertar porque la noche recién comienza’. Y empezas a mirar alrededor y te crees que las ‘willis’ están ahí. También me señalaba que por ejemplo cuando las ‘willis’ comienzan a salir por mi llamado, tenía que hacer como que metía la mano debajo de la tierra. Y eso ya da otro peso. Cuando mandas a Giselle, pensar en cómo lo haces, porque sos una reina. Es un ballet romántico, por lo que no se puede ver muy atlético, por lo que tenes que ver cómo bailar. Detalles menores pero que cambian, hacen la diferencia.

(Esta entrevista fue realizada en agosto de 2018, en Montevideo, Uruguay)

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