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Pushkin, el maestro de Nureyev y Baryshnikov.

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Por Porf. Mag. Lucía Chilibroste.

Nureyev y Baryshnikov tuvieron el mismo maestro de ballet: Alexander Pushkin. ¿Habrá sido casualidad que dos de las máximas estrellas del ballet de la historia hayan sido formadas por la misma persona?

Bueno, es no es algo que se pueda responder pero sin dudas todos sabemos (o al menos yo lo siento así) el peso que pueden llegar a tener esos maestros o menores que llegan a nuestras vidas y que nosotros elegimos como referentes. Y las dos estrellas siempre coincidieron en reconocer a Pushkin como la figura clave en la formación de ambos. “Soy lo que soy gracias a Alexander Ivanovich”[1] señalaba directamente Baryshnikov. “Fue él quien mi hizo un bailarín[2].

Pushkin había sido formado por Nikolai Legat (quien a su vez había sido estrella de la última época de Petipa y uno de los maestros de Nijinsky, Pavlova, Vaganova, Karsavina, Preobrajenska, Fokine –amo estas genealogías, sobre todo porque en el mundo del ballet donde la tradición oral pesa tanto, los maestros de los maestros también están presentes en las clases, ¿no?) y dictaba las “clases de perfeccionamiento” en el ático de la Academia Vaganova a las que sólo asistían los alumnos que él elegía, que en la época de Baryshnikov eran unos 7 u 8 (en un post aparte les si quieren le cuento cómo lograron Nureyev y Baryshnikov que Pushkin los tomara).

Pushkin había bailado 30 años en el Mariinsky (después Kirov) pero nunca como bailarín principal. No era un hombre “buen mozo” señala Baryshnikov: tenía piernas largas, torso corto, nariz grande y no era muy expresivo. Pero inmediatamente agrega que “era clásico, muy clásico[3]. Pero Baryshnikov piensa que al estar tanto tiempo en roles secundarios y mirando tanto, aprendió más de técnica que quizás los que estaban al frente bailando y siempre probando cosas nuevas.

No está muy claro cuál era el método de Pushkin, ¡algo que todos los demás maestros de la Academia Vaganova querían saber desesperadamente! Se sabe que su barra duraba sólo 22 minutos (ni uno más ni uno menos), que con su infaltable camisa y corbata siempre era extremadamente amable y paciente y que nunca gritaba (los alumnos podían saber si las cosas les iban bien o mal por el color de su cara).

Baryshnikov que fue su último pupilo (el anterior había sido Nureyev, y tras su partida a occidente al maestro lo habían quebrado) señalaba: “yo nunca encontré un pedagogo como era Pushkin. Él era una persona tan pura y con un carácter tan simple, que es muy difícil hablar de él con palabras simples[4]. Un maestro que además de enseñar ballet era una figura paterna para sus estudiantes. Los llevaba a los museos, les enseñaba de literatura, de música, les prestaba libros. Inculcaba técnica abiertamente y arte secretamente. Nureyev llegó a vivir en su casa (de hecho cuando Baryshnikov llegó a la casa de los Pushkin encontró la maleta de Nureyev que tras su huida en París se habían quedado los soviéticos y entregaron a quien consideraban “su familia”)

En sus clases tenía dos palabras principales: “no te caigas” y “levántate”. Según Baryshnikov era muy metódico y proponía unas combinaciones de pasos y movimientos que eran muy naturales para el cuerpo humano. Cualquiera las podía hacer. Pero con la repetición, realmente mejoraba el cuerpo de un bailarín. Y daba la espalda a la pared, demostrando cómo debía sentirse (más que mirarse) el movimiento. Nureyev recuerda que “él hacia combinaciones muy bailables, de tipo irresistibles, de muy buen gusto, deliciosas. Uno gozaba de ejecutarlas, esos pasos, esas combinaciones. Y tenía la habilidad de hacer las clases más bailables. Así que tu nivel se elevaba cada vez más”.

 Además de enseñarles técnica, a muchos también les enseñaba el amor por la danza, el respeto al cuerpo, al trabajo diario y al por qué hacer las cosas. Baryshnikov cree que su secreto fue enseñarles a trabajar. La responsabilidad y el valor del trabajo. Con eso incorporado, todo el resto llegaba de una manera más fácil[5].

Pero el gran punto de Pushkin parece haber estado en formar una generación de lo que Baryshnikov llamó “bailarines pensantes”. Nureyev llegó a él ya muy grande para lo que era el ballet, a los 17 años y con una formación de base muy pobre. Por lo que su trabajo en clase era visiblemente inferior al de sus compañeros largamente entrenados en la Academia Vaganova, algo que al joven Nureyev frustraba y enojaba argumentando que él no era fuerte como los demás. Pero Pushkin jamás lo corregía; “con él empezó a enseñar a los demás a explorar sus limitaciones y desarrollar sus propias decisiones[6], creando esa idea de ser “bailarines pensantes”.

El caso de Baryshnikov era distinto. Tenía un cuerpo perfecto para bailar y su formación temprana en Riga había sido muy buena. Pero lo aterraba su altura. En el Kirov (como en muchas compañías) existía un sistema que dependiendo de las características físicas de los bailarines, iban a ser formados como bailarines nobles o de demi carácter, lo que condicionaba todo el futuro del artista. Los bailarines asociados con el tipo de bailarín noble tendrían posibilidades para interpretar los roles protagónicos, mientras que los de demi caracter quedarían limitados a los roles secundarios. Por el físico y la altura de Baryshnikov, era fijo que sería demi carácter, algo que naturalmente no deseaba. Pero Pushkin (con quien creció unos centímetros llegando hasta 1,68) lo entrenó para ser potencialmente cualquier tipo de bailarín. No dejó que su físico lo limitara. Quizás gracias a eso después pudimos verlo (y disfrutarlo y emocionarnos) como el Príncipe en La Bella Durmiente o Cascanueces, Albrecht en Giselle y todos los roles principales en el que tanto lo disfrutamos.

Por eso pienso que el gran punto de Pushkin parece haber estado en formar esa generación de “bailarines pensantes”, a que razonaran por qué hacían cada paso, cómo se encadenaba con el siguiente, cómo y por qué interpretar ciertos roles (por ahí anda el post que escribí sobre cómo Baryshnikov interpreta de manera diferente la relación de Albrech y Giselle en el ballet Giselle, y a partir de ahí cambia todo el ballet). Y en ese camino empujó a los estudiantes a sacar lo mejor de sí (sin sacarse por eso el menor crédito, todo el crédito era de cada estudiante), a desarrollar las individualidades. Y por sobre todo, formó bailarines mentalmente fuertes e inteligentes.


[1] Julie Kavanagh; “El último maestro de Petersburgo” Revista Radar, Pagina 12, 1/10/2001

[2] Documental “Baryshnikov: The Dancer and the Dance”. Kultur International; 1983

[3] The Soloist. By Joan Acocella January 12, 1998 The new Yorker

[4] Glasssman, Bruce; “Mikhail Baryshnikov”; Silver Burdett Press; USA 1990; p.16

[5] Documental “Baryshnikov: The Dancer and the Dance”. Kultur International; 1983

[6] Julie Kavanagh; “El último maestro de Petersburgo”. Radar; Página 12.

Un comentario en “Pushkin, el maestro de Nureyev y Baryshnikov.

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