fbpx

¿Cómo debe de sonar el Hada de azúcar?

Varvara Nikitina como Hada de azúcar y Pavel Gerdt como Príncipe (1892)

Releyendo un artículo del Royal Ballet de hace un tiempo escrito por el gran conocedor de música británico Gavin Plumley, me llamó la atención que se preguntara: ¿cómo debe de sonar un hada de azúcar? Porque puede resultar más sencillo conocer qué instrumentos identifican a una danza rusa o china, pero no a un reino de dulces y a su Hada de azúcar (Sugar Plum Fairy), ¿no?

Ekaterina Maximova, Bolshoi

Gran duda de Tchaikovsky, el compositor de El Cascanueces, también tuvo.

Él ya tenía la experiencia previa de haber compuesto dos ballets, El lago de los cisnes: en 1877 (ballet que originalmente fue un fracaso y que el compositor nunca conoció su éxito) y La bella durmiente en 1890. Pero cuando a fines de 1890 recibió el encargo de componer El Cascanueces, además de la ópera Iolanta, no se sentía en un buen momento (después les escribiré sobre qué le estaba pasando) y la inspiración no abundaba.

En los ballets anteriores Tchaikovski había demostrado ser un maestro en crear música narrativa, que permitía ir imaginando las escenas. Creó efectos de unas bandadas de aves en El lago, sonidos de canarios o migas de pan cayendo en La Bella. Hasta siguió sugerencias tan específicas del coreógrafo como componer la partitura del Hada de Zafiro del tercer acto de La bella en compás de 5/4 ya que se trataba de una variación de una piedra pentagonal.

Pero vuelvo a lo mismo, ¿cómo debe de sonar un Hada de azúcar? Pobre Tchaikovsky, romperse el coco con eso y todavía sin mucho ánimo de trabajo.

Lauren Cuthbertson en la variación del Hada de azúcar del Royal Ballet.

Para resolverlo y lograr darle un sonido al Hada de azúcar, Tchaikovski decidió incorporar a la partitura un instrumento nuevo de la época, la celesta, precisamente el instrumento que identifica al personaje.

La celesta había sido inventada seis años antes del estreno de El cascanueces por Auguste Mustel (el cual a su vez derivaba de uno similar llamado dulcitone) y Tchaikovski la había descubierto en París ese mismo año que estaba trabajando en el ballet. Fascinado por “su hallazgo” solicitó a su editor que le consiguiera uno, advirtiéndole que lo mantuviera en secreto, para que colegas suyos como Rimsky-Korsakov o Glazunov no pudieran usarlo antes. Aunque se considera que el compositor francés Ernest Chausson fue quien primero usó el instrumento en una composición (La tempestad, 1888), fue Tchaikovski quien primero lo usó para darle un carácter específico al personaje.

Hoy parece casi que inseparable el instrumento a El Cascanueces. También se señala que puede que el nombre “celestial” del instrumento llamara la atención de Tchaikovski, quien por esos momentos se encontraba profundamente deprimido, ya que su hermana Sasha había fallecido en ese año que compuso el ballet (1891).

¿Te gustaría saber algo en especial sobre Tchaickovsky y El Cascanueces? Contame así si puedo, con gusto escribo al respecto.

La celesta

Bibliografía.

– Abad Carlés, Ana; “Historia del Ballet y la danza contemporánea”; Madrid; Alianza Editorial; 2004

– Plumley, Gavin; “A Spoonful of Sugar: Tchaikovsky’s use of the celesta in The Nutcracker”; Royal Opera House, 12 November 2013

– Oxford Dictionary of Dance”; Oxford; Second Edition; Oxford University Press; 2010.

– Wiley, Roland John; “Tchaikovsky”; Oxford; 2009

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: