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LA FELICIDAD DE TRABAJAR SEGÚN JULIO BOCCA

Bocca ensayando con el maestro cubano Enrique Martínez en Caracas, 1982. Foto de Roland Streuli tomada de «La vida en danza», de Angeline Montoya

LA FELICIDAD DE TRABAJAR SEGÚN JULIO BOCCA

por Prof. Mag. Lucía Chilibroste

Julio Bocca no necesita presentación. Todos conoceremos algunos momentos de su vida (¡o todos!) y con ellos nos hemos emocionado. Pero no es sobre eso que quiero escribir, sino sobre algo quizás no tan conocido y que a veces no tan valorado: es su enorme capacidad de trabajo.

Para Julio Bocca trabajar es felicidad. Y por suerte que así lo siente ya que trabaja (¡y vaya si trabaja!) desde los 14 años y en este 2022 conmemora 40 años en el mundo profesional de la danza. Mundo en el que sigue trabajando feliz y como él dice, “sintiendo el mismo amor y misma pasión de siempre”.

Y uno puede pensar que esta forma de trabajo, esta disciplina la fue haciendo con la experiencia, con los años de trabajo. Pero no… desde niño Bocca parece haber sido así.

Bocca comenzó sus estudios formales en el mundo de la danza cuando entró a la Escuela Nacional de Danzas a los 7 años, y los redobló al año siguiente cuando entró al Instituto del Colón (2 años antes de la edad reglamentaria). Ya desde entonces su capacidad de trabajo era reconocida por maestros y su entorno.

Según cuenta la entonces directora del Insitituo Superior de Arte, María Luisa Lemos: “La vida que hacía Julito a sus ocho años hubiera sido sacrificada hasta para una persona mayor. Escuela primaria, corriendo a la Escuela Nacional de Danzas y corriendo al Colón. A veces, cuando no estaba la abuela, yo lo cruzaba de un lado al otro. Su día era terrible… Y me viene otra imagen tierna, conmovedora. Cuando volvía, a las ocho y media de la noche, a la Escuela de Danzas para esperar a su madre, que era preceptora allí, Julito se acostaba hasta las once de la noche en un sillón de la Dirección. Lo recuerdo allí, durmiendo, tapado con una mantita”. Pero inmediatamente agrega:“Jamás vi en su rostro algo parecido a una queja; en las clases se entregaba enteramente. Cuando imitaba a los grandes, también”[1].

Siendo un estudiante en formación en 1982, a sus 14 años, recibió su primera posibilidad de un trabajo profesional: un contrato por un mes en Caracas, Venezuela. Viajaba junto a otros 7 argentinos, debían bailar 8 funciones, le daban los pasajes y un apartamento y les pagaban 2500 dólares[2]. Nada mal para un adolescente que firmaba un primer contrato.

Ya desde allí se reconocía lo trabajador que era el joven bailarín. “Era un yunke” señalaba el director de la compañía venezolana Salvador Itriago[3]. Y lo mismo señalaba la bailarina de la compañía Susana Collet: “No andaba nunca con flojera. Nunca estaba cansado, auqnue hubiera trasnochado[4].

Desde ese primer contrato hasta el 2022 aunque ya todos lo sabemos, grotescamente podemos resumir su carrera de la siguiente manera: ganó la medalla de oro del concurso de Moscú, fue contratados por Baryshnikov como primer bailarín del ABT, se convirtió en una mega estrella del ballet mundial bailando literalmente por el mundo entero, sacó el ballet de los teatros y lo llevó a chanchas de futbol o avenidas como la 9 de Julio de Buenos Aires, dirigió el ballet en Uruguay haciendo que renaciera la compañía.

Ese Bocca bailarín en momento pico con una agenda inagotable en 1995 segía defendiendo el valor del trabajo: “no me gusta abusar de la palabra felicidad, pero yo,haciendo tantas cosas, yendo y viniendo en largos viajes en tren, sentía felicidad. Sarna con gusto no pica. Cuando uno es feliz ya no siente frio ni siente calor ni siente cansancio. No le veo ningún mérito a eso de ser feliz. Por lo demás, cada uno es feliz como puede. Yo he podido. Trabajando[5].

Hoy, en este 2022 sigue trabajando como maestro, y algunos de sus contratos han sido la Scala de Milan, Opera de Paris, Royal Denish Ballet, montar la Bayadera de Makarova en Japón, Giselle en la Ópera de Roma… y la lista sigue.

Nadie que haya trabajado con él puede haber quedado indiferente a eso. Siempre me hizo acordar a lo que se decía sobre Nuereyev… que era tanto el talento pero sobre todo la dedicación hacia el trabajo de él, que generaba que todo el mundo fuera al máximo… si él lo hacía cómo no lo iban a hacer los demás…. Y como resultado cuando él estaba todas las compañías bailaran mejor.

El año pasado viendo la serie sobre Michael Jordan en Netflix, sentí lo mismo.

Son esas personas que por sólo verlas trabajar, hacen que todos trabajen mejor. Villanueva Chang señalaba en un perfil deidcado a él: “Es un tipo forntal: si no funcionas, vuelves a ensayar. No hay discursos. No hay elegías. No hay palmaditas en la espalda. Hazlo”[6]. Con él no hay excusas… aprender a trabajar así es algo de lo que agradezco de llevarme estando cerca de él.

 

*Este año en honor a que se conmemoran 40 años de su vida profesional y 15 años de su retiro, estaré ofreciendo un curso soñado que te permitirá conocer y recorrer su historia. Inicio 20 de octubre. Próximamente inscripciones. ¡¡¡Así que estén atentis!!!

 

Referencias:

[1] Bocca, Julio, Braceli, Rodolfo; “Bocca. Yo, príncipe y mendigo”; Editorial Atlántida; Buenos Aires; 1995p. 33.

[2] Montoya, Angeline, “Julio Bocca. La vida en danza”; Aguilar; Buenos Aires 2007.p. 65

[3] Montoya, Angeline, “Julio Bocca. La vida en danza”; Aguilar; Buenos Aires 2007.p. 67

[4] Montoya, Angeline, “Julio Bocca. La vida en danza”; Aguilar; Buenos Aires 2007.p. 67

[5] Bocca, Julio, Braceli, Rodolfo; “Bocca. Yo, príncipe y mendigo”; Editorial Atlántida; Buenos Aires; 1995; p.36

[6] Villanueva, Chang, Julio; “El salto interminable”; Revista lento; #52; Año V; Julio 2007

 

 

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